CUENTO 5: Compassio
COMPASSIO
Juan Cazares, estudiante de psicología, 8 de marzo de 2021
Junto a mi hermano me senté al costado
de la ruta de casa. Vivíamos en el medio de la nada, pero eso prestaba a ver
ochenta mil constelaciones cuando la noche caía, por lo que era perfecto para
sacar fotos.
-Che, Juan.
Levanté mis cejas de par en par. Sus
palabras parecían cargar con cierta inseguridad -¿Qué paso?
Como imaginé, él tensó su quijada y
miró hacia el cielo. - ¿Qué te mantiene vivo?
-¿Y esa pregunta?- Me mofé solo porque
él no era de preguntar semejantes cosas de ente filosófico.
-Que se yo, estoy queriendo tirar un
tema, no me gusta quedarme mirando la nada, como a vos sí te gusta, pues me
parece una pregunta perfecta para hacerte.
No pude no echar a reir, pero a la vez
me tomé en serio el pensar en una respuesta. - Quisiera saber que hay de tí.
-Si te soy sincero, no tengo ni idea.
-Eso es cruel.
-Acá vos sos el psicólogo, no yo.
-Bueeeeno, bueno... Entonces dejame
pensar. - Me recosté en el pasto y busqué en el cielo las preguntas. Eran
difíciles de encontrar, no por que fuese difícil saber que me mantiene vivo científicamente,
sino que, filosóficamente, la palabra "ser feliz" me quedaba muy poco
ambiciosa como para decirla. De hecho, pensar en ello me apasionaba.
-¿Las chicas? ¿Ser millonario? ¿Ser
feliz? - Sin duda el sintió el esfuerzo de ayudarme a buscar esa respuesta.
-Si te soy sincero, en síntesis podría
ser eso, pero incluso pensándolo bien, creo que teniendo eso incluso así no
estaría conforme.
-No hay choto que te venga bien básicamente.
Solté una carcajada y me incorporé. -
No es eso, bobalicón. - Una vez pude calmar mis espasmos de risa, apacigüé mis
palabras en una bohemia mirada a la nada. Seguramente Gaby pensará que estoy
medio drogado o algo así - Es que no creo que sea algo tan fácil. Ni vos ni yo
llegamos a ser ricos, tener nuestro Ferrari o la mujer de nuestra vida y aún
así sabemos que hay miles que no son felices con ello. Entonces ¿Por qué
nosotros lo seríamos?
-¡Ah, cierto!, Siempre me rompes las
pelotas con la frase de Aristóteles sobre la felicidad. ¿No es por ahí?
-Ahora que lo dices... tampoco. Pero
creo que tengo la respuesta.
-¿Entonces?
-La respuesta está en aquello que creo.
O... en lo que creo que me hace feliz
- ¿Aquello que crees?
Me relamí los labios, tenía que buscar
la forma de explicarle a un bobazo que no se toma nada en serio, cómo funciona
mi cabeza.
-Digamos que... Es lo bueno. Creer te
lleva a ilusionarte, creer te lleva a ser creativo, a salir de la verdadera
realidad. Creer, te lleva a ver la televisión, los libros, y las historias de
radio como posibles. Eso... creo que es creer. Y eso es fantástico.
-¿Ilusionarte con algo que no es
cierto?
Torcí mi boca en forma de duda y eché
mi torso a los lados pensando en una forma de explicárselo mejor - No
necesariamente. Digamos que siento... Que creer que conseguir ser millonario,
viajar por todo el mundo, conseguir el empleo soñado y estar con el amor de mi
vida me hace sentir como si el futuro existe, aunque no exista. ¡Y es cierto,
el futuro se escribe, pero no existe! – Me anticipé, sabía que él atacaría por
allí a juzgar por su boca entreabierta - Pero por otro lado no podría vivir con
la presión de creer en que el futuro no está preescrito por el destino o algo
así, o al alcance de mi mano. Es como... una realidad dura, que mi cabeza no se
permitiría pensar jamás.
-Pero es la realidad.
-Sí... es cierto, pero es como pensar
en para qué vinimos aquí. No hay sentido, ni siquiera reproducirse es un
sentido pues no se trata de tí mismo. Sino de la especie. Es como pensar en la
idea de dios de manera empírica. Es muy duro.
-Pero, repito. Es la realidad en la que
vivimos.
-Está claro, pero la cuestión en la
filosofía no es solo captar realidades, sino captar aquello que puede hacernos
bien, siempre y cuando no afecte a otros. Tú quieres amar, ser millonario, ser
varias cosas que a fin de cuentas, te mueven. Y eso es lo bueno de tener las
palabras justas para proyectar el futuro: Que podemos creer en ellas, aunque,
al igual que el futuro, esas palabras no existen, solo creemos en ellas.
Aún así, Gaby no parecía estar
convencido de mi respuesta.
-Creer en la realidad es deprimente. Y
nada de la realidad nos puede permitir avanzar como personas. Si la gente no
proyectase, sería imposible crear cosas y vínculos y… ¡Ya me entiendes!. - Apreté mis puños con
ilusión, pensando en todos mis sueños y metas, aquellas que aunque sé que no
llegaré siento que están más cerca de lo que parecen. A Gaby se lo veía con los
ojos brillantes en ese momento, como muy atento a lo que yo estaba contándole.
-Creer es la batería que nos mueve,
siento que sin creer, mi vida no tendría ningún sentido de ser. – Ultimé.
Luego de un silencio… lindo para mí, y
supongo que incómodo para él que no estaba acostumbrado a tales trivialidades,
se dispuso a romperlo.
-¿Querés que prepare un vinito? Se está
haciendo tarde.
No me dio pelota, perfecto, típico de
Gaby. Prefiero creer que es imposible que entienda, a tener que darle un sopapo
por haberme dejado hablando solo.
Supongo que evadir la realidad será
sinónimo de creer en cierta forma. ¿No?...
Ahora que pienso, creyendo que él está
evadiendo la realidad… ¿No la estaré evadiendo yo también?. No, de hecho así
es. Ambos la estamos evadiendo; él ignora el problema, y yo le pongo colores
para camuflarlo.
-Dale, te espero.
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