CUENTO 4: Tres Cadenas

 

TRES CADENAS

Raúl Domingo Hernandez, político, 5 de noviembre del año 2025

Miles y miles de voces resonaban por toda la plaza, una enorme cantidad de gente había venido a verme. Estaba detrás de un largo telon blanco esperando ansioso este momento. Este momento creo haberlo esperado desde que termine la facultad de derecho. Y hoy estoy acá, para reclamar este puesto. Un puesto que siendo franco, esperaba obtenerlo, y me alegra haberlo hecho.

Pero es hora de convertirse en lo que más odio, por quienes más amo.

-Señor, felicitaciones, en breve saldremos - Me dijo uno

Le asentí a ese hombre de traje mientras mi mirada estaba perdida en el telón blanco, ni le preste atención, me sudaba la frente y las manos. Las fuertes luces y la enorme aglomeración de gente hacían del sitio un campo de batalla totalmente inestable. Aunque apuesto a que mi sudor era más por nervios míos que por el calor.
Poco a poco el telón se abría ante mí, y a medida que lo hacía más fuerte se hacían los gritos de felicidad al ellos verme del otro lado. Hubiese deseado tener más tiempo para haberme preparado psicológicamente para lo que estaba por decir, pero el tiempo ya era nulo.

-Gracias, gracias, muy buenas tardes a toda la república, muchísimas gracias a todos y cada uno de los que están acá, gracias gracias.

Levantaba mis brazos a lo alto y saludaba a mis seguidores, no podía creer la cantidad de gente que me fue a ver. La gente tamborileaba y golpeaba bombos, sonaban bubuzelas y a su vez coreaban mi nombre.
Los gritos los dejé resonar, hasta que cuando ellos poco a poco se iban apagando, me dispuse a hablar. Primero Carraspeé mi garganta y luego empecé
-Muchísimas gracias a todos - Apoyé mis antebrazos en el estante presentador. Detrás de él parecía sentirme mas seguro - Quiero decirles que estoy muy contento por escribir una nueva hoja de esta nación, una nueva parte de esta historia, como presidente del país, como representante de más de cuarenta millones de paisanos.

Los festejos aumentaban su volumen y las sonrisas se hacían más brillantes, parecían amenazar mi integridad, parecía que ellos ya sabían lo que tenía para decir y querían incitarme a autoprohibirme el discurso que tenía planeado.

-Me gustaría ser parte de la historia rica del país, llegué aquí para hacer esto, gracias a ustedes. Este es mi deber como cara de la imagen de nuestra actualidad señores. ¡Mi imagen esta en ustedes! -exclamé al final haciendo explotar aún mas las gargantas de los espectadores que no paraban de corear y mover sus banderas de lado a lado.

-Pero la realidad, es que un presidente lamentablemente no se compone de una imagen, si no de dos. La expectante, y la democrática - Dije más serio, aunque la gente seguía coreando sin entender nada de lo que yo expresaba en mi seriedad

-Podré empezar diciendo lo que dije en mi campaña - Señalé mi mano y fui enumerando con los dedos cada una - MEJORARÍA los hospitales, MEJORARÍA la seguridad, MEJORARÍA la vida de los ciudadanos, MEJORARÍA el país.

A mis lados, mis guardias me observaban con cara rara cada vez que acentuaba la palabra "mejoraría", supongo, tramándose lo que venía. Eran los más atentos en ese momento entre toda la euforia.
Procuré no observarlos hasta entonces, hasta que acabase mi discurso.

Alcé mis brazos y proseguí dejándolos caer- Pero lo cierto es que no puedo permitir que eso ocurra señores. -Negué - Y no les mentí en ningún momento, es más, no les podría mentir. No habrá lo que ustedes llaman corrupción, simplemente mala gestion de recursos.

-¿Que carajos? - oí decir a uno de los guardias que tenía detrás

Volví a enumerar con mi otra mano - Ya tienen hospitales, pero los ciudadanos mas influyentes tendrán el mérito a disfrutar de su buena medicina. Ya tienen seguridad, pero la realidad es que mayoritariamente todos los policías patrullan por el centro y por las casas de nuestros funcionarios. La vida de los ciudadanos está saldada con miiiiiiles y miles de beneficios que supuestamente mejoran el país - A partir del "supuestamente" no pude evitar no soltar un bufido de risa corto entre medio - Pero lo cierto es que todos los funcionarios debemos tener dinero para nuestras campañas, empresas, publicidades -Levanté mis brazos y proseguí en voz alta -¡MUJERES! ¡OCIOS! ¡CARROS LUJOSOS! y por supuesto, ahorros, que lógicamente debido a los tantos beneficios que damos, sabemos que es impagable para nuestra moneda, y sabemos muy bien que cualquiera con dos dedos de frente debería llevarlo a otro país en forma de ahorro al dinero, exactamente como lo hacemos nosotros.

La gente estaba silenciada, pero aún no podía acabar, menos aquí, así que trague saliva y seguí

-Pero, ¡Díganme señores! Con todos los beneficios que les proveemos a ustedes y de los que nos privamos nosotros ¿Para qué quieren exportar su dinero? ¿Es que acaso no piensan ustedes en la patria?
De mas esta decir que le quitaremos a la clase media, no a los pobres obvio que no, menos a los ricos, pues sostenemos desde acá que ellos son los que les darán trabajo a los pobres y a los funcionarios.

Los gritos de felicidad se volvieron ahora abucheos, gritos, puños levantados e incluso un par de bombos volaban por encima de las cabezas de los ciudadanos. Algunos no esperaron para irse, otros muchos se quedaron.

-Y ni hablemos de la educación, -grite luego de la pausa - nos centraremos en modificarla de tal forma que NOSOTROS demostremos ser el país más lujoso de todos, ¡Porque lo somos! ¿No? -Vacile con sarcasmo - Todos nos olvidamos que quien se hizo con este territorio en el que vivimos fue un genocida, además de machista y racista. Que quien implantó la política más importante de este país fue un fascista. Que quienes nos apropiamos de territorios que no eran nuestros y fuimos a la guerra para "reclamarlos" - haciendo comillas con los dedos y con un tono burlesco de voz - fuimos nosotros. Que quienes votamos al presidente menos malo en las elecciones, porque todos son unos chorros, fuimos nosotros. - Concluí y sonreí a la gente ansiosa por molerme a golpes

Las barricadas parecían caerse, y unos pocos más me observaban decepcionados a lo lejos. Todo parecía salirse de control.
Mi alma se desquebrajaba poco a poco.

Me cayó una lagrima, pero eso no me impidió cumplir con mi principio como presidente numero uno: Ser sincero -Y señores, no me malinterpreten, si hay algo que sé, es que esto es la fiel democracia, ¡Porque créanme que no lo he elegido yo! Sino ustedes - Concluí señalándolos. Parecía ser una espada para ellos este último gesto que destapo la fiera de cada uno.

-Somos la cara de lo peor del mundo tapada con sonrisas y momentos, somos un país en donde el que no juega con nuestras cartas es un bobo y en el que todos, ¡ABSOLUTAMENTE TODOS! Tenemos una mancha legal. Vamos a novecientos kilómetros por hora todos contra una pared inamovible llamada pobreza por un sistema que premia tal forma de vida

Era hora del golpe final, del golpe que establecería una rebelión total tanto para ciudadanos como para mis verdaderos enemigos a los que verdaderamente quería dirigir el discurso: Los funcionarios. Seguramente esto acabe con mi vida, pero no podrá silenciar ni el mejor de los represores la verdad que sale de mis labios para miles de personas y miles más de canales televisivos.

Pero habrá valido la pena, para cumplir mi cometido.

-Señores quiero lo mismo que ustedes y estoy en contra de lo que de mi boca sale. Y sé, que como al principio, ahora no me escucharán. - Una silla voló muy cerca de mí, y mientras que uno de los guardaespaldas míos se alejaba del escenario, el otro intentó sostenerme, pero con un ademan le dije que me dejase terminar el discurso.

-Tengo dos imágenes señores, la imagen de ustedes, la del pueblo, la del corazón, y la imagen de tres poderes que me tienen encadenado al incumplimiento. Tres poderes que ustedes le llaman democracia, y que para mí es la mayor lacra que hemos podido crear después de la bomba nuclear y el nazismo. Ya que, aunque yo, con todas mis ganas y valor quisiese, no podría ayudarles a cumplir su y MI cometido, pues no es de mi incumbencia ello, si no mas bien aceptar o rechazar cosas que mis tres cadenas proponen para mí. Mientras yo pongo la cara.

Las personas ya no me hacían caso, y era normal. Yo no le hablaba a la gente, le hablaba a la historia, para que aquellos seres de razón pudieran algún día hacer de este país algo mejor.
Lo cierto es que aunque estoy lanzando blasfemias a mi propia integridad y al propio sistema, yo no tengo la respuesta a lo que yo mismo me quejo, pero estoy seguro que otro ser sí lo podrá hacer, tengo fé de ello.

- Ser presidente es el sacrificio que hago para que se me escuche. - Faltaba cada vez más poco para que la gente se abalanzase hacia mí, el escenario se movía amenazando con desmoronarse. Y ya habían cruzado la barrera policial. - Pues esto, el país no lo va a poder ocultar, ni modificar, ni tergiversar a ojos y oídos de la nueva generación de entendidos. Y no los culpo a quienes con gritos y protestas y represión intentan mutear mis palabras, palabras que nunca callarán como dije y que perduraran por los tiempos de los tiempos mientras el tiempo y la memoria exista independientemente luego de esto yo muriese. Dios premie a los que entiendan a lo que me refiero, pues esta segunda imagen interna corrupta dentro de mí de la que hablo, acuñada con la de todos mis funcionarios, la definimos como democracia. El arma más buena y más letal jamás creada por el hombre hasta el presente.
Dios los bendiga a ustedes patriotas, ustedes que verdaderamente entendieron la verdadera y oscura definición opacada detrás de la palabra democracia a la que yo le llamaría más bien "democracia para pocos".
Aquellos que pudieron zafar de la falsa realidad y entender que soy cómplice, pero no depredador.

Saqué el micrófono del trípode y me acerqué al borde del escenario, en el que todos ahora intentaban subir.
Las manos de la gente rasgaban mis mocasines, y pronto por detrás de ellos los disparos de los policías empezaron a ahuyentar a más gente

-Irónicamente señores, mientras esta falsa democracia exista, también con ella existirá la corrupción, y mientras este círculo vicioso exista, solo unos pocos, los más vivos, van a poder seguir viviendo. ¡Que viva la patria, carajo!

Comentarios

Entradas más populares de este blog

CUENTO 8: Etereo

CUENTO 7: Lorient